
Venezuela y la Revolución Bolivariana se ven rodeadas por nada menos que trece bases estadounidenses, situadas en Colombia, Panamá, Aruba y Curazao, así como por los portaaviones y navíos de guerra de la IV Flota. El Presidente Obama parece haber dejado manos libres al Pentágono. Todo anuncia una agresión inminente. ¿Consentirán los pueblos que un nuevo crimen contra la democracia se cometa en América Latina?
Fuente: Le Monde Diplomatique
Ignacio Ramonet ha denunciado la estrategia militarista de Estados Unidos y la pretensión de esta superpotencia de interferir en la región latinoamericana derribando el gobierno venezolano, contrario a sus intereses.
Ramonet repasa diversos hechos realizados por el ejército o la diplomacia estadounidense que vendrían a demostrar la intención nada velada de interferir en la política venezolana, hasta el punto de lo citado más arriba.
Al margen de la muy mala consideración que nos pueda merecer el militarismo de Chaves, éste no puede ser excusa para la actuación de otro militarismo igual o más grosero aún. Estados Unidos, Venezuela y los restantes pueblos de la tierra tenemos derecho a librarnos del militarismo dominante y debemos luchar para extinguirlo de nuestra historia, y denunciar el intervencionismo en este caso se convierte en una necesidad.
