Fuente: El País.
Cada vez son más preocupantes las declaraciones de los políticos y militares de ambos países. Desde hace algún tiempo vienen cometiendo los mismos errores que les llevan a iniciar el camino de la guerra:
- Un gasto militar en descarado aumento.
- Compra de material bélico de carácter ofensivo.
- Militarización creciente de las fronteras.
- Declaraciones preparatorias de la guerra.
- Culpabilización del otro país y de sus dirigentes de ser los que fomentan la guerra (cometiendo los mismo errores ambos).
- Usar como excusa el militarismo y el intervencionismo yanki, evidente, pero que tiene como objetivo que estos países se enfrenten entre sí para debilitar sus democracias y sociedades civiles, con lo que podrán seguir teniendo presencia militar en la zona.
- Militarización creciente de ambas sociedades.
¿Qué piensa la población de estos vientos guerreros? Porque, a la postre los que morirán por los disparos, los que pasarán hambre por el dispendio económico en armas, los que sufrirán serán ellos. En parte son culpables, ellos han elegido a sus líderes guerreristas. Pero, también, y aquí ponemos el acento, tienen la capacidad de quitarles y con ello demostrar su deslegitimación a estas políticas de enfrentamiento, violentas y que se dedican al gasto militar.
También queremos denunciar lo que siempre es un hecho pero cuando estallan los conflictos se suele olvidar u ocultar: las guerras se preparan cuidadosamente, con meticulosidad, día a día, mediante políticas educativas en las que prima el nacionalismo, la exclusión, la xenofobia, la constante proclamación de lo patrio como lo mejor, la culpabilización del extranjero. En estas políticas llevan años de trabajo los dirigentes colombianos y venezolanos, apoyados por los estadounidenses y por los europeos.
En los conflictos modernos, el 90 % de las víctimas son población civil. Los militares no sufren tanto, los dirigentes apenas.
Ojalá reacciones ambas sociedades civiles junto a la estadounidense y a la europea.
