
Fuente: El País.
Es curioso.
Los vínculos entre mercenarios y servicios de seguridad de EE.UU. son una evidencia desde hace ya tiempo. La CIA contrata mercenarios y empresas mercenarias para hacer el trabajo sucio que la ley no les permite hacer a ellos (secuestros, traslados de detenidos de Irak y Afganistán, etc.). Incluso más, en determinadas acciones las compañías de mercenarios actuaron como un mero complemento de la CIA, dándole refuerzo en sus “operaciones especiales”.
Pero no deja de sorprender que estos vínculos se estrechen con el trasvase de directivos de la CIA a las empresas mercenarias. En este caso la prensa denuncia que los vínculos CIA-Blackwater se incrementaron justamente a partir del momento en que altos cargos de la CIA pasaron a la nómina de la compañía mercenaria.
Cuando los intereses institucionales de un estado y los corporativos de una compañía privada se confunden de este modo el estado comienza a acercarse a la mafia y los dignatarios implicados a concebir el Estado de forma patrimonial y nada democrática. En ellos, se establece como fin cualquier interés propio, a lo que llaman razones de estado, se demoniza toda opción diferente y se sublima la violencia y la ausencia de escrúpulos para conseguir llevar adelante esos fines, aunque suponga la más elemental ausencia de ética o la eliminación física del adversario. Curiosamente el militarismo preconiza este tipo de metodología y de concepción de la organización, de cualquier organización. Vamos avanzando paso a paso hacia nuevas formas de terrorismo de estado apoyado en mercenarios que no tienen que cumplir normas estatales.
¿Es esta confusión de intereses un caso de corrupción o una mera coincidencia?
