Según informa casi toda la prensa, el pasado 24 de julio Obama se proclamó en Berlin “ciudadano del mundo”, con lo cual miles de personas se deberian sentir arrebatadas por tan prometedora autoproclamación.
Pero ¡oh, sorpresa! el ciudadano del mundo Obama, después de usar toda la retórica al uso sobre el derribo de las fronteras y el bien del mundo, volvió a introducir en la agenda el tema del terrorismo internacional para justificar la intervención en Afganistán y la necesidad de ganar la guerra allí por el bien del mundo. Estados Unidos, dijo, no puede hacerlo solo y necesita a los también ciudadanos del mundo europeos para dar la puntilla al asunto.
Si tenemos en cuenta que antes de Berlín el tal Obama ha ido contando otras temáticas de su proyecto antiglobalización, como son la alianza férrea con Israel, el aumento del gasto militar y la necesidad de que Estados Unidos se tome interés en algunos conflictos olvidados de Africa y Asia (y ya sabemos en qué acaba este interés estadounidense cuando se produce). No nos queda sino decir que se nos viene encima una nueva reformulación del militarismo, ahora con cara agradable.
También sorprende el diferente trato que al protagonista de esta noticia le han dado diversos medios supuestamente progresistas, como es El País y Público. En los enlaces se puede ver el sesgo selectivo del primero.