Cassinello y el secretismo militar.

Le entrevistaba EL PAÍS el pasado 18 de Mayo. El subtítulo de la entrevista ya lo dice todo: “Director de los servicios secretos con Suárez, jefe del Servicio de Información de la Guardia Civil el 23-F e imputado y exculpado en el ‘caso GAL’, guarda los mayores y quizás peores secretos del final del franquismo y de los primeros años de la democracia“. 100 % en secretismo militar.

Los militares espiaban a los políticos y se infiltraban en los partidos.  Ahora se puede comentar como un juego simpático, pero es una muestra más del descaro del intervencionismo militar en la política:  “Los partidos tenían una enorme necesidad de militantes y nosotros enviábamos topos. Hay una anécdota muy graciosa en el congreso de un partido liberal. Enviamos a un guardia civil y le dijimos: “Hazte notar”. ¡Lo hizo tan bien que le querían nombrar secretario general!” Nos queda una pregunta:  ¿seguirá pasando esto ahora?  Y una sospecha:  seguramente sí.

También es tajante en su consideración de la Guardia Civil:  “La Guardia Civil es un cuerpo serio o no es nada. Es una parte del Ejército alquilada al Ministerio del Interior, siguen siendo militares”.  Si es así, habría que quitarle el sufijo de Civil y, lo que es peor, habría que considerar a la Guardia Civil como un nuevo ejemplo de intervencionismo militar en la sociedad civil, es decir, un nuevo ejemplo de militarización social.

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