Nos hacemos eco, con retraso evidente, de la Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense de 2006 y válida para toda la administración Bush. El interés de este documento es máximo porque muestra la dirección que toma EE.UU. en política de defensa y exteriores. Además, dentro de poco se producirá un cambio en la administración y el nuevo presidente dictará una nueva Estrategia de Seguridad Nacional, así podremos comparar ambos textos y valorar con más argumentos los cambios de la nueva administración.
Conocer los documentos rectores de la política estadounidense nos hará conocerles mejor. Aconsejamos encarecidamente la lectura del texto para complementar las apreciaciones de sus hechos con las documentales y poder asombrarnos con el descaro, egoísmo, mesianismo, cinismo, …, con el que dirigen el mundo.
Quizá esperéis un texto técnico o difícil de entender por ser de “alta política”. ¡Bah! Nada de eso. Vais a alucinar. De verdad, animaros a leerlo y comentadnos.
La Estrategia de Seguridad Nacional (E.S.N.) de 2006 se publicó el 16 de marzo de 2006 y marca las prioridades y objetivos de EE.UU. en política de exteriores y defensa. Algunos de sus puntos más destacados son los siguientes:
En cuanto a las grandes líneas de actuación:
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La E.S.N. se basa en dos pilares:
- Promover la libertad, justicia y dignidad humana – esforzarnos por poner fin a la tiranía, promover democracias eficaces y extender la prosperidad por medio del comercio libre y equitativo y las políticas sensatas de desarrollo.- Hacer frente a los desafíos de nuestros tiempos al dirigir a una comunidad cada vez más numerosa de democracias.
Impresionan los altos y loables objetivos del primer punto. Sobre todo porque EE.UU. normalmente dedica todos sus esfuerzos políticos a hacer lo contrario: invasión de Afganistán e Irak, por poner sólo algunos ejemplos muy recientes. Su defensa de la libertad es del todo egoísta como demuestran más adelante: “Defender la libertad promueve nuestros intereses porque la supervivencia de la libertad dentro del país depende cada vez más del éxito de la libertad en el extranjero”.
Al cumplirse recientemente 5 años de la invasión de Irak, han sido múltiples las críticas a los escasos avances democráticos y sociales que se han logrado en un periodo tan largo. Quitar el poder al dictador Sadam no se ha traducido en avances democráticos ni sociales para la población. Lo mismo o peor se podría argumentar sobre Afganistán. Sin embargo, afirman que: “Ya que las democracias son los miembros más responsables del sistema internacional, promover la democracia es el indicador de largo plazo más eficaz para afianzar la estabilidad internacional, reducir los conflictos regionales, combatir el terrorismo y el extremismo que lo respalda y extender la paz y prosperidad”. Y esta seguridad roza el dogma de las creencias religiosas con el siguiente párrafo: “Actualmente, en el mundo, el carácter fundamental de los regímenes es tan importante como la distribución del poder entre ellos. Los gobiernos libres les rinden cuentas a sus pueblos, gobiernan su territorio eficazmente y tienen políticas económicas que benefician a los ciudadanos. Los gobiernos libres no oprimen a sus pueblos ni atacan a otras naciones libres. La paz y la estabilidad internacionales se desarrollan con más seguridad sobre la base de la libertad”. (Existen muchos más párrafos de este tenor que no reproducimos para no ocupar demasiado espacio, pero que recomendamos leer atentamente porque conforman, en conjunto, una representación certera de lo que son y de cómo hacen política las élites estadounidenses).
En resumen, la mera existencia de una democracia nos convierte en sociedades perfectas. ¿Dónde está la autocrítica? ¿No existen problemas de participación en las elecciones de todos los países democráticos y, sobre todo, en EE.UU.? ¿No es la delegación, que provoca desentendimiento, un problema gravísimo de la vitalidad democrática? El razonamiento es simplísimo: por ser democrático, cualquier gobierno ya es bueno. Y esta simpleza asusta. ¿Estas son las profundas ideas políticas de aquellos que dirigen una buena parte de la realidad internacional? ¿Tan cortito es su bagaje cultural y político? El mensaje es clarísimo: somos los buenos. Los demás son los malos. Los buenos lo somos totalmente y los malos lo son también. A partir de aquí estamos legitimados para hacer lo que queramos.
Como veis, con todo descaro se arrogan el papel de directores del ‘concierto de las naciones’. Asombroso es lo siguiente: “Muchos de los problemas que enfrentamos – desde la amenaza de enfermedades pandémicas hasta la proliferación de armas de destrucción masiva, el terrorismo, el tráfico humano y las catástrofes naturales- cruzan fronteras. Son esenciales los esfuerzos multinacionales eficaces para resolver estos problemas. Sin embargo, la historia ha demostrado que los demás hacen lo que les corresponde sólo cuando nosotros lo hacemos. Estados Unidos continuará liderando”. Si bien la primera parte del párrafo, la que hace referencia a la necesidad de medidas comunes para enfrentarse a muchos de los problemas actuales, es correcta. La segunda es el colmo del cinismo. Precisamente EE.UU. es archiconocido como uno de los estados que menos convenios internacionales firma, aplica y cumple, además de uno de los que más convenciones internacionales se salta: invasiones, el terrorismo de Estado de Guantánamo con sus detenciones ilegales, torturas; pena de muerte en muchos de sus Estados miembros, …
En cuanto a las líneas concretas de actuación, desgranamos algunas:
- “Somos una nación en guerra. Hemos alcanzado logros en la guerra contra el terrorismo, pero somos parte de una larga lucha. Estados Unidos es más seguro, pero no del todo”. Bien. Reconocen la mayor: Afganistán e Irak son guerra, no misiones humanitarias, ni misiones de promoción de la democracia.
- “A corto plazo, la lucha involucra usar la fuerza militar y otros instrumentos del poder nacional para eliminar o capturar a los terroristas, negarles un refugio seguro o control de cualquier nación, evitar que obtengan acceso a las armas de destrucción masiva y eliminar sus fuentes de respaldo”. En la Directiva de Defensa Nacional (documento español análogo, salvando las distancias) la idea general es la misma, pero muchísimo más inconcreta. Parece que a nuestros estrategas militares les cuesta mucho más planificar con precisión o que a nuestros estrategas políticos les sería mucho más difícil ‘vender’ estas concreciones, en las que ampliamente apoyamos a los yanquis. Sólo una apostilla más, en Afganistán se permanece desde hace más de 7 años y en Irak más de 5. El corto plazo ya pasa a ser medio y largo.
- “A largo plazo, ganar la guerra contra el terrorismo significa ganar la batalla de las ideas, porque son las ideas las que pueden convertir a los desilusionados en asesinos dispuestos a matar víctimas inocentes”. Y para ganar la batalla de las ideas existe la ‘varita mágica’ de la democracia, la cual evita todos los males y nos dota de todos los procedimientos benévolos éticamente y efectivos.
- “Trabajar con otros para mitigar los conflictos regionales”. Lo cual nos hace pensar qué significará para ellos mitigar, cuando, por ejemplo, al conflicto regional de Irak se le quiere añadir un tercer frente en Irán.
- “Evitar que nuestros enemigos nos amenacen, como también a nuestros aliados y amigos, con armas de destrucción masiva”. A esto añaden “estamos dispuestos a mantener las armas más peligrosas del mundo fuera del alcance de la gente más peligrosa del mundo”. Como intuimos que muchos lectores estarán pensando ‘y, ¿entonces ellos?’ no añadimos más que estaría bien que se predicase con el ejemplo y se redujesen, de manera importante, los arsenales de las grandes y medianas potencias nucleares. Sin embargo, señalan que “si es necesario, conforme a los principios de autodefensa, no descartaremos el uso de la fuerza antes de que los ataques ocurran” ¿Se refieren a la fuerza nuclear? ¿Cómo se ataca a terroristas ocultos en montañas o en pequeñas células guerrilleras en ciudades con armamento nuclear? Un dislate.
Esta entrada fue publicada el a las Martes 25 de Marzo de 2008 y está archivada bajo las categorías Cultura de Defensa, Estrategia de Seguridad Nacional, Política de Defensa, Política exterior. Puedes seguir las respuestas de esta entrada a través de sindicación RSS 2.0.
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